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Zappa y la Legión de SuperFreaks
Por Mauricio Matamoros Durán
Con el reciente éxito mediático que ha obtenido la serie The Umbrella Academy (Dark Horse, 2007-2009), escrita por el frontman de My Chemical Romance, Gerard Way, parece que hemos llegado a un punto en el cual el rock y la historieta (o viceversa) se muestran como disciplinas u oficios en franco entendimiento.
Esta serie, ilustrada por los brasileños Gabriel Bá y Fabio Moon, planea en el mercado del comic como un sobresaliente ejercicio en el que la narrativa del vocalista se nota ágil, intensa y natural en su ambiente. Way no se muestra extraño o maniqueo en su acercamiento a la historieta; por el contrario, demuestra ser producto de una generación en cuya barra de herramientas este tipo de lecturas resulta básico.
Ya desde los años noventa, la declaración de amor por parte de Tori Amos a Neil Gaiman (a partir de la icónica obra de éste, The Sandman) parecía marcar el inicio de una relación más estrecha entre ambos mundos y que hace cosa de varios meses desembocó en el fabuloso libro de historietas creadas por varios autores e inspiradas en la obra de Amos llamado Comic Book Tattoo (Image Comics, 2008); algo que, de hecho, estuvo precedido por un proyecto armado prácticamente de la misma forma, sólo que a partir de las composiciones de Belle & Sebastian. Entre otros, podemos contar, desde entonces, la colaboración de Geezer Butler, bajista de Black Sabbath, con el ahora popular escritor de comics Mick Carey, para firmar una biografía en historieta de los mismos padres del heavy metal; la colaboración del mismo Gaiman y el dibujante Michael Zulli con Alice Cooper, para la elaboración de un sobresaliente comic de presentación a su disco The Last Temptation (Marvel Comics, 1994); el gordo y variopinto libro de historietas inspiradas en la obra de los Ramones que se editó como parte del box set Weird Tales of the Ramones; la heroica y peculiarísima editorial Verotik, fundada por Glenn Danzig para la publicación de sus historias, apoyado por el trabajo gráfico de una legión de excelsos ilustradores; el mediocre resultado del inflado esfuerzo de Rob Zombie por presentarse como escritor en Rob Zombie’s Spookshow International y en espera estamos de la edición en diciembre de una miniserie del antihéroe Lobo de la DC Comics, escrito por Scott Ian (sí, el guitarrista de Anthrax) y dibujado por Simon Bisley. Estas son sólo unas cuantas obras dentro de este encuentro artístico.
Ya desde aquella peculiar campaña publicitaria del primer comic de Kiss (editado por Marvel Comics en 1977 y que consistió en la utilización de sangre de los cuatro miembros de la banda diluida entre los litros de tinta que se utilizaron para la publicación), parece que se firmó, ni más ni menos, un pacto de sangre entre la historieta y el rock.
La realidad es que la psicodelia porosa saturada que guardaban las páginas de los comics y las imágenes no menos alucinadas y estridentes propuestas por diversos discursos roqueros desde tiempos anteriores ya mostraban vasos comunicantes. En 1975, por ejemplo, en el disco Venus and Mars de los Wings, Paul McCartney realizó un homenaje absolutamente explícito al comic de superhéroes, con “Magneto and Titanium Man”, pieza para la cual proyectaban imágenes de Magneto y los X-Men durante las actuaciones de la banda. El mismo Jack Kirby, co-creador de los X-Men, visitó al grupo durante un concierto, para entregarle un dibujo a McCartney como agradecimiento a dicho tributo.
Pero precediendo a este encuentro, en 1968 se dio, tal vez, el primer homenaje con total conciencia: Frank Zappa pagó un espacio en los ejemplares de Marvel Comics para anunciar la salida de su clásico álbum We're Only in It for the Money, con lo que abrió el panorama de miles de infantes y púberes lectores, quienes ante el sugerente anuncio (con el estrambótico rostro de Zappa) pudieron entrar a otras galaxias cercanas a las exploradas por los Fantastic Four o Galactus.
Zappa para nada era extraño a la lectura de comics. Si su temprano interés musical estuvo marcado por el constante movimiento de su familia y los estímulos varios a los que estuvo expuesto por ello, en los que incluso rifaron la música mexicana y la exposición a filmes como el cultmovie El Barón del terror de Chano Urueta (al cual se debe parte del interés que tuvo Zappa para inmiscuirse en el cine), los comics igualmente estuvieron muy presentes durante su vida.
Esto precisamente ha salido a relucir recientemente, porque la revista Royal Flush, en su número más reciente, publicó una entrevista con Ahmet Zappa (hijo de Frank), en la que rememora la relación que Zappa tuvo ¡con Jack Kirby! Según cuenta Ahmet, este importante arquitecto del comic de superhéroes fue vecino de la familia Zappa allá por los ochenta y recuerda el respeto que su padre tenía por su obra y cómo juntos degustaban del humo de los cigarros (recordemos que ambos fueron consumidores declarados de tabaco y nada más).
Por ahí rememoramos, igualmente, un trío de portadas en la interminable discografía zappiana, trazadas por un par de nombres clave en la historia del comic: The Man from Utopía del italiano Tanino Liberatore y Studio Tan y Sleep Dirt del estadounidense Gary Panter.
Con la colaboración de estos artistas Frank Zappa mostró su apertura y eclecticismo, pues los mencionados poco tienen que ver con la historieta de superhéroes.
Recientemente, Ahmet ha comentado que trabaja en una línea de comics, aunque lo que nos habría gustado ver es una línea de superhéroes creada por su padre.
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Por ejemplo, Tori se escribe con I latina, no con Y.
Por ejemplo, Tattoo se escribe con doble T.
Si hacen referencia a la historia cruzada de ambos medios, ¿cómo olvidan a The Invisibles, de Grant Morrison? Todos los títulos de esa serie hacen referencia a canciones de rock y mucho de la serie ha sido inspiración para el rock.
¿Cómo obviar a Robert crumb y el trabajo gráfico que hizo para decenas de artistas, como Janis Joplin y Cheap Thrills?
Esperamos más de la otrora mejor revista de música en Mñexico, por favor!