|

Algo sobre la novela gráfica
Por Mauricio Matamoros Durán
Tras casi ciento tres años de historia de la historieta o comic (el 25 de octubre de 1896, con la entrega de la tira The Yellow Kid and His New Phonograph, se considera que por primera vez se reúnen los elementos que conforman a este medio), éste ha sido identificado mayormente como una lectura infantil, un eufemismo poco gentil que le inserta la etiqueta disfrazada de lectura para idiotas a razón, en mayor medida, del comic de superhéroes y aunque dentro de la historieta de superhéroes hay buenos y malos ejemplos, la idea generalizada es que comic o historieta es igual a mal comic de superhéroes.
Antes, incluso, del nacimiento del superhéroe (con la primera aparición de Superman en el número 1 de Action Comics, en 1938), trabajos sobresalientes como Little Nemo in Slumberland de Winsor Mccay y Krazy Kat de George Herryman, entre muchos otros, ya habían influenciado al mundo del arte y eran respetados como tales, como obras artísticas.
Fue hasta los años sesenta, en diversos momentos, cuando comenzaron a surgir algunas voces que mencionaban a la historieta como un arte digno de respeto e, incluso, propicio para su estudio como curiosidad científica –por supuesto desde una perspectiva postmoderna-, sobre todo a partir de la aparición de la llamada novela gráfica que, en realidad, no era –no es- otra cosa que una historieta finita, comúnmente de entre cincuenta y doscientas páginas (aunque existen ejemplos de más de quinientas páginas, como el From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell), y que permitió la entrada de la misma a las librerías y la identificación del lector de novelas y ensayos con este tipo de comic.
A pesar de todo, desde hace más de un siglo la historieta se ha mostrado como un medio eficaz, complejo y, sobre todo, con la capacidad de generar infinidad de obras importantes. Es decir, no hay razón alguna para que los lectores de comics debamos leer nuestros ejemplares entre penumbras o escondidos debajo del diario durante nuestros trayectos en el transporte público, pues no es algo indigno. Charles McGrath, escritor y editor de la sección de libros del New York Times, cree más o menos lo mismo.
Este periodista escribió un amplio reportaje sobre la novela gráfica con el título de "Not Funnies" y se convirtió en la pieza que dio portada a la edición del 11 de julio del 2004 de la revista del citado diario neoyorquino. En "Not Funnies", más que proponer, su autor augura que la novela gráfica es la narrativa emergente a la novela, como ésta lo fue a la poesía durante el siglo XIX; es decir, la novela gráfica se convertirá en el medio de lectura más popular e importante y en su momento desbancará a la novela.
A decir de McGrath, el comic es una forma vernácula, accesible y con un atractivo masivo que resulta perfecta para el ambiente de nuestra cultura estúpida y muy acorde con el déficit de atención colectivo. Esto no se escucha en absoluto atractivo, aunque podemos pensar que a la novela se le consideró de similar forma durante sus primeros brotes masivos.
McGrath ve en la novela gráfica el recipiente más propositivo y adelantado de la narrativa moderna. Efectivamente, la novela gráfica ha expandido los límites del medio, ha roto esquemas y ha permitido que los historietistas exploren ambientes y tópicos que difícilmente podrían abordarse bajo los esquemas del comic masivo estadounidense. Pero esos alcances, al final del día, son parte de la evolución de la historieta; es decir, no son privativos de la novela gráfica. De hecho, Art Spiegelman (autor de la aplaudida novela gráfica Maus, ganadora de un premio Pulitzer) y Chris Oliveros (editor de Drawn and Quaterly, uno de los sellos más importantes de la escena indie del medio) lograron hace unos años que un comité de la industria editorial estadounidense aceptara una categoría para las novelas gráficas, a su vez, dividida en secciones.
No obstante, la novela gráfica no deja de ser una historieta. Porque aún cuando el autor de novela gráfica se toma de uno a tres años para completar su trabajo (y, algunos de ellos, han argumentado tal hecho como razón suficiente para separar su género o formato de la historieta en general y, por extensión, darle mayor valía), en los años previos y formativos de casi toda novela gráfica se le publica en forma serializada, como sucede con cualquier otro ejemplo barato y popular de historieta (por no mencionar los muchos casos en los cuales la obra se concibe en forma serializada desde un inicio y posteriormente, ante su éxito, es recopilada en formato de novela gráfica). Es así que, por cuestiones económicas -significa una entrada de dinero mientras la obra se completa- e incluso como una reacción natural e inconsciente a la forma del medio, el autor termina por hacer una obra por entregas, regla básica del medio.
El artista de historieta debe tener tanto la inspiración como las capacidades intelectuales y artísticas para construir historias interesantes en forma seriada, normalmente de entre doce y veinticuatro páginas. Si decide hacer un comic mensual, bimensual, anual o más, será su decisión personal y la calidad de cada novela gráfica será dictada por las capacidades de cada autor y no por el tiempo que le tomé llevar a cabo su proyecto. Podemos nombrar obras de calidad y valía que fueron realizadas bajo la presión del mainstream (y lo que esto conlleva) y de la periodicidad mensual e incluso semanal, como sucedió con los seriales antiguos de autores como Honorato de Balzac. En algunas ocasiones, la inspiración también puede darse bajo condiciones poco adecuadas, no es necesario pensarlo demasiado para hacer esfuerzos sobresalientes.
En fin que si el juicio fuera ecuánime, no sólo la novela gráfica podría convertirse en la narrativa en auge en los próximos años, pues la historieta en sus diversas formas y subgéneros está presentando cosas que no vemos manifestarse en otros ámbitos del arte. Es decir, no sólo el autor de novela gráfica es el que está haciendo la diferencia, sino el buen autor en general de historieta, por supuesto, por medio de sus mismos sobresalientes ejemplos.
Podemos nombrar trabajos de excelencia artística que fueron diseñados y orquestados bajo las necesidades y presiones de los deadlines: The Spirit de Will Eisner, durante los años cuarenta o el Swamp Thing de Alan Moore, Steve Bissette y John Totleben durante los ochenta. Igualmente, están aquellos que también respondieron a una periodicidad, aun cuando no tan apretada como la de los ejemplos anteriores y más alejados del mainstream, como Love & Rockets de Xaime y Gilbert Hernández o el Black Hole de Charles Burns. Todas ellas son obras de arte sobresalientes y cada una de ellas se concibió en procesos distintos.
Alan Moore, quizás el guionista de historieta más importante en la actualidad –además de ser uno de sus teóricos más lúcidos y críticos-, ha comentado que tal vez la vigencia y riqueza de la historieta reside en que se trata del único arte que involucra los dos hemisferios cerebrales para su lectura y apreciación, lo cual permite que se recuerde cualquier tipo de información en las diversas formas que ésta las presente. Es entonces que podemos pensar en algunos autores de historieta -especialmente aquellos que a pesar de trabajar bajo las presiones del mainstream logran un nivel de calidad sobresaliente- como si fuesen una especie de mutación que está logrando complejas y ricas formas de comunicación artística.
|
saludos.
G.M