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París: la imagen sin sonido
Por Rodolphe Casso*
Traducción: Andrés Soto
París, Francia. Vivo en París, la urbe mas visitada del mundo. Una capital cultural de renombre mundial, según se dice. En los lugares a donde salgo por la noche, al Este de la ciudad, es posible encontrar a muchos artistas. Algunos son DJ o directores de cortometrajes, otros tocan en grupos musicales, actuan en alguna troupe de teatro, escriben un libro, un guión, toman fotos, pintan... A las personas que frecuento les gusta reventarse. Pero se ha vuelto muy dificil reventarse en París.
París es una dama de edad avanzada y aunque su cuerpo está muy bien conservado, porque se le cuida mucho, su carácter corresponde perfectamente a su edad y como todas las personas viejas, París comienza a amargarse. Ya no soporta la agitación y el ruido. Quiere vivir en calma, a imagen y semejanza de los nuevos propietarios que compran sus apartamentos a precio de oro y comienzan a mudarse a los barrios del Este, porque los del Oeste (zona rica y silenciosa) ya no son económicamente accesibles para el común de los mortales. Estas personas fueron jóvenes un día, algunas lo siguen siendo aún, pero el precio del metro cuadrado y sus créditos a treinta años les han hecho perder el gusto por la diversión. Han envejecido prematuramente y como si tuvieran Alzheimer, han olvidado que en sus años mozos eran felices de poder salir en una ciudad que les ofrecía multitud de diversiones nocturnas.
Estos viejos prematuros gustan de vivir en lo que llamamos aquí los barrios populares. Les gusta sentirse astutos y malvados. En pequeñas dosis. Les divierte toparse con un junkie al salir de la panadería o pasar frente a un squat (comunidad clandestina de artistas) cuando van a buscar a sus hijos a la escuela o cruzar entre un grupo de africanos, de hindúes, de turcos o de chinos mientras se pasean en familia los domingos. ¡Les resulta tan pintoresco!
En los barrios populares es también donde se encuentra toda la vida nocturna de París. Donde los bares se llenan al caer la noche. Donde en los departamentos se llevan a cabo fiestas privadas. Donde las salas de concierto presentan a los grupos del momento. Donde las galerias de arte exponen a los fotógrafos y los pintores. Esto ha sucedido durante décadas. Nosotros lo llamamos la vida nocturna. Los viejos prematuros le dicen disturbios contra el orden publico.
Estas personas descubren cada tarde que hay mucho ruido en los barrios donde ahora viven. Para el flamante propietario de un departamento parisino, el ruido es el mal, el enemigo público número uno: Al-Qaeda. Entonces crean asociaciones de vecinos para defender su tranquilidad. Levantan actas policiacas en contra de las salas de espectáculos, de los bares y de sus propios vecinos…, porque éstos invitan a sus amigos demasiado seguido.
Está claro que todo el mundo tiene derecho a dormir, pero los viejos prematuros no comprenden la vida de esos barrios, su historia, su rol en la ciudad. Sin embargo, se van a vivir ahí con conocimiento de causa. Si tu piel atrae a los moscos, no te vayas a vivir al lado de un pantano. Pues ellos sí lo hacen. “Una piedra es una piedra. Un edificio es un edificio y está hecho para dormir entre dos jornadas de trabajo”. He ahí su lógica urbanística. “Reventarse está muy bien, ¡pero no aquí!”. De ese modo, al comprar los departamentos, los edificios, los barrios, poco a poco van comprando también el silencio.
La consecuencia directa de esta guerra contra el ruido es que hay lugares clausurados todos los meses. Algunas veces de manera provisional (lo que se llama una clausura administrativa) y algunas en definitiva.

El Batofar es uno de los lugares míticos de la musica electrónica en París. Allí se presentan DJ muy conocidos, así como numerosos grupos de rock. Se trata de un barco amarrado a una de las orillas del río Sena, por lo que se halla muy alejado de cualquier zona habitacional. Este lugar tuvo que cerrar sus puertas durante varias semanas, debido a un altercado sucedido a ciento cincuenta metr
;plugins/editors/tinymce/jscripts/tiny_mce/themes/advanced/langs/en.js" type="text/javascript"> os de distancia. Consecuencias para el establecimiento: pérdidas por cincuenta mil euros que corresponden a las ganancias de su bar y su restaurante, así como el precio de los boletos de avión y los pagos de los artistas cuya presentación tuvo que ser anulada o suspendida.
Otro antro emblemático de la noche parisina se llama la Flèche d’Or. Este sitio cerró este año y posteriormente fue readquirido. Los nuevos propietarios llevaron a cabo trabajos de remodelación y de aislamiento sonoro con un costo de setecientos cincuenta mil euros. La noche de la reapertura, tres vecinos levantaron actas por ruido y disturbios nocturnos.
La Locomotive, una famosa discoteca del barrio de Pigalle, cerrará próximamente sus puertas para convertirse en restaurante. Le Palace, la discoteca mas legendaria de los años ochenta, es hoy un teatro.
Existe en Facebook una petición que tiene por el momento a cerca de diecinueve miles;"> adherentes. Se llama París: cuando la noche muere en silencio. La imagen que ilustra a la página es un letrero puesto sobre la cortina de hierro de un bar, donde se puede leer: “Cerrado por culpa de la muerte de la ciudad. Favor de dirigirse a la capital de al lado”.
Incluso el periodico Le Monde, uno de los más prestigiados en Francia y en el extranjero, publicó recientemente un artículo intitulado “París, capital europea del aburrimiento”.
Las medidas de represión contra el ruido se endurecen cada día y la ley anti tabaco, que obliga a los reventados a fumar en las banquetas, ha causado muchísimos estragos. Más gente afuera significa más ruido afuera; en consecuencia, más quejas y actas de los vecinos. En las fachadas de numerosos bares y restaurantes hay carteles oficiales de la prefectura de policía. En los mismos, se ve a un hombre que no puede dormir. Su cuarto está invadido por noctámbulos que beben, ríen y tocan música frente a él. Una frase en la parte baja del poster reza: “¡Cuando beba o fume en la terraza, sea discreto!”.
He ahí cómo la especulación inmobiliaria, las leyes incoherentes y la intolerancia de aquellos que quieren vivir
en París sin los inconvenientes de una gran ciudad están matando a una gran parte de nuestra vida cultural. París es un museo al aire libre, pero un museo que hoy se visita en silencio.
Asi pues, amigo extranjero, si vienes a París, se bienvenido. Pero por lo que más quieras, por favor, no hagas ruido.
*Músico y escritor parisimo. Integrante de la banda francesa Love Toy.
http://www.myspace.com/lovetoymusic
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