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Hijos míos, aquí estoy de nuevo, ahora desde el espacio que algunos llaman virtual, cualquier cosa que eso signifique. Mándenme sus cartitas, mensajes, críticas, comentarios, quejas, llamadas de auxilio, netas, mentiras y demás a
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Mamá Mosca soy tu más grande admiradora
Con maña caza a la mosca la araña
Mi primer acercamiento con La Mosca no fue en un rastro, de esos que lucen pasarelas de cerdos y reses destazadas a lo largo de un corredor tapizado de vísceras. Tampoco fue en los adentros del mercado de La Merced, donde los aromas a cebollones y a taco de suadero atraen a más de una de estas bribonas de origen díptero. Ni siquiera fue por la azotea de mi vecino, en donde se concentra todo un ejército de moscas que acecha a los montones de mierda de su Rottweiler, mojones que como bunkers son utilizados por larvas y alimañas que se atrincheran allí, mientras las moscas atacan al territorio enemigo para obtener municiones de materia fecal. En realidad, mi primer acercamiento con La Mosca fue en un lugar sin basura y sin desechos de ningún semental, en una caótica esquina del Distrito Federal, justo en el puesto de revistas a la salida del metro Buenavista.
A perro que no conozcas, nunca le espantes las moscas
… y de pronto estaba ahí. Parada en un aparador y destacando de entre otras especies. Acompañada por zumbidos de motores y aleteos de aglomeraciones citadinas. Luciendo sus colores irisados que hechizaban la vista de más de un cazamoscas en aquella avenida. Era La Mosca psicodélica, la rocanrolera, la califórida, la que me prendió por su imagen medio hippie y funkerona, a la que se le podía leer un “Janis Joplin, pequeña niña triste” en la portada de aquella edición de noviembre de 2003 con la figura de la Bruja Kósmica en toda la plana. Debo confesar que, como fan de la Janis, mi interés por comprar esta revista era por leer únicamente el artículo de la emperatriz del rock, pero después de hojearla detenidamente, descubrí que cuarenta y ocho páginas de papel couché tamaño tabloide no hablaban sólo del glamour del rock y de sus clichés acartonados como otras de su tipo; por el contrario, era la propuesta literaria y musical que en aquellos años llegó a llenar un recoveco en mi espíritu melomaniaco. Difícil fue, tiempo después, haberme enterado de que esta revista ya no ocuparía el mismo espacio dentro de los estantes de periódicos donde mensualmente se exhibía, porque a La Mosca tristemente le cortarían las alas y pronto dejaría de volar por aquel su habitual cosmos.
Aramos, dijo la mosca al buey
Cuando supe que La Mosca volvería a aletear, no dudé en seguir su rastro, esta vez el cibernético. Ahora, el viento virará en redondo y la reina sinantrópica, la que habita en todos los lugares donde lo hacemos los humanos, usará sus alas renovadas y creará nuevas fusiones y alternancias por la red. Su misión será emprender una nueva forma de volar y andar por los terruños cibernéticos, donde construirá un nuevo hábitat y hará de él un lugar explosivo, un espacio donde todos puedan seguir su rastro, con los acordes de lejanas melodías al estilo de un estridente rock o de la síncopa de un jazz efervescente, traducidos en artículos e historias que, sospecho, serán sumamente adictivos.
¡Bienvenida la fuerza moscardona!
Nancy Zamher
Hija mía: Gracias te doy de todo corazón por ser la primera en escribirme en esta mi nueva etapa cibermósquica. No te negaré que estoy nerviosona, pues todo esto es nuevo para mí, peor aún que por mi edad pertenezco a una generación que no cuenta en su cerebro con el chip que permite a los jóvenes de hoy manejarse como peces en el agua dentro de los terrenos de la virtualidad. Agradezco infinito tus palabritas hermosas y confío en que, al igual que miles de mis hijitos moscosos, me acompañes en esta aventura, en este renovado camino que emprendemos todos los que estamos comprometidos con el proyecto editorial de La Mosca.
Que los proyectos chingones no mueren
Jefa Mosca: es un placer reencontrarte de nuevo, ahora por estos territorios infinitos de la red.Ya una vez, en los añejos y podridos años noventa, me tocó presenciar tu desaparición y resurgimiento, cual Ave Fénix; ahora, es un placer volver a ver que los proyectos chingones no mueren y que únicamente se toman un tiempo para agarrar más fuerza. Ojalà que a un ruco de treinta y dos años como yo no le cueste mucho trabajo familiarizarse con este nuevo formato y apenas me acostumbre, encontraré la forma para continuar con la colección de Moscas.
Un saludo y te felicito por seguir presente en nuestras vidas.
Héctor A. Ortega
Mi querido Hectorín, muchas gracias por tus palabras tan emocionadas y emocionantes y espero yo también adaptarme a estas nuevas tecnologías. No creas, me cuesta trabajo pero ahí la llevo. Besitos y abrazos de tu má.
Un espacio de dos por dos
Justo ahora, justo hoy y justo en este momento celebro el onomástico de mi verdadera progenitora, de la autora de mis días pues, y justamente también me encuentro gracias al twitter a una publicación que por azares del destino dejó de circular. Has vuelto!! y qué feliz me pone el saber que nuevamente tendré al alcance de un click las columnas de Fedro, Eusebio, el Guacarocker y demás, aunque la principal desventaja es que ya no coleccionaré aquella revista con un olor tan peculiar. En aquel entonces, cuando te hojeaba (toda una delicia mientras reflexionaba en un espacio de dos por dos, léase mi baño), me contagiaba de sabiduría del mundo en el cual nosotros los locos nos sentimos identificados: el rock. pero el Rock chido, no el rockcito ni el rockcititito, ese que aveces se olvida... Gracias por estar de vuelta, gracias por estar aquí. Se despide un hijo mosquiento, una larva que cuando leía sus revistas de rock hace 4 años decidió estudiar la licenciatura en Periodismo para que al terminar dedique su vida al periodismo musical: al periodismo de rock.
Carlos.
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M
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Bocanada de aire fresco, luz en la oscuridad, oasis en el desierto….Mama mosca, ¡cuántas mamadas se han dicho en tu nombre¡ Pero tú tienes la culpa. ¿Quién te manda a ser una rara avis en la pajarera de publicaciones musicales de nuestro mecsicou? Mucha pinche irreverencia, críticas inteligentes, colaboradores perrones (iba a escribir plumas prestigiadas, pero tal término no es más que una pendejada), propuesta visual atractiva…vamos, hasta el tamañote se agradecía.
O como señala la Editorial Toukan en su página web (http://www.toukan.com.mx/mosca.html): La Mosca en la Pared no es (era) tan solo la mejor revista de rock, aguda, mordaz, crítica, llena de ironía y buen humor, sino que busca abarcar otros temas musicales y culturales, es una revista para jóvenes y para todos aquellos que nacieron, crecieron, aprendieron, se desarrollaron, amaron y maduraron con el rock. (Golpe bajo, sal a la herida cortesía del abajofirmante. Pero ¿algún día podremos saber la causa real de ...