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Los diez mejores álbumes de 2001

1. Radiohead. Amnesiac. EMI Capitol. A pesar de llevar sobre sus espaldas el peso de sus dos álbumes anteriores (en especial del OK Computer de 1997) y a pesar de sus impetus experimentales, esta primera obra de Radiohead en el siglo veintiuno cumplió con todas las expectativas, si bien en el fondo no es sino una continuación de la música atmosférica del Kid A (2000).

2. Bob Dylan. Love & Theft. Columbia. Uno de los grandes álbumes de la amplísima discografía de Dylan. Luego del excelente Time Out of Mind (1997), el gran Bob superó lo hecho cuatro años atrás y entregó esta soberbia colección de canciones producidas por Daniel Lanois, para mostrarse ante el mundo como un compositor y cantante que conservaba la frescura de antaño y que se sentía feliz y entusiasta por seguir creando y, sobre todo, por seguir viviendo.

3. Tool. Lateralus. Volcano Records. Denso. Intrincado. Misterioso. Fascinante. Mucho más progresivo que metalero. El tercer album de Tool es una obra maestra de Maynard James Keenan y compañía. Un disco que con el paso de los años ha incrementado su aplastante valor artístico.

4. Gorillaz. Gorillaz. Virgin. A pesar del hecho de presentarse como una banda virtual, prácticamente de comic, y de que esto podría distraer al público y hacerlo ignorar la música que producía, ésta resultó tan buena que Gorillaz, el disco debut del proyecto homónimo de Damon Albarn (Blur), sigue sorprendiendo a nueve años de distancia por su eclecticismo, su variedad y su ácido humor negro.

5. Depeche Mode. Exciter. Mute/Reprise. Un disco intimista, sutil, que combina el innegable sentido pop de este trio con la experimentación electronica. Las canciones de Martin Gore son puestas en manos del productor Mark Bell (Björk, LFO) y el resultado no puede ser mejor. En Exciter lo mismo hay cuerdas, coros celestiales y finas melodí
as que incursiones en el dance industrial y el minimalismo. Un gran trabajo.

6. Stephen Malkmus. Stephen Malkmus. Matador. Dos años después de que Pavement anunciara su temporal disolución, Stephen Malkmus, lanzó este su primer album como solista, el cual, por fortuna, no sonaba como la banda de la cual había sido líder indiscutible. Decimos por fortuna, porque aquí el músico pudo dar riensa suelta a sus inquietudes artísticas y producir una serie de canciones sin desperdicio en un disco de rock pop tan ecléctico como divertido.

7. Bjork. Vespertine. Elektra. El sexto album de la islandesa es como un resumen de su carrera hasta ese entonces. Hay aquí trazos lo mismo de sus iniciales Debut (1993) y Post (1995) que de los intrincados Homogenic (1997) y Selmasongs (2000). Se trata de un trabajo más discreto, sin embargo, que sus predecesores. Austero, calmo, en momentos incluso engañosamente desapasionado, Vespertine es, no obstante, uno de los discos más emocionales de Björk.

8. Weezer. Weezer (Green Album). Geffen. El disco en el cual Rivers Cuomo buscó la formula de la canción pop perfecta. Producido por Ric Ocasek (The Cars), el álbum verde de Weezer es una obra maestra del rock nerd, su regreso a la música que propuso en su opera prima (Weezer, el album azul, de 1994) y un rompimiento con la que hizo en su trabajo inmediatamente anterior (Pinkerton, 1996). La pregunta es: ¿logró Cuomo dar con dicha canción perfecta?

9. The Strokes. Is This It. RCA. Posiblemente estos neoyorquinos jamás consigan igualar la calidad y frescura de éste, su disco debut. Como herederos de The Velvet Underground, Television y The Stooges (toda proporción guardada, por supuesto), la banda encabezada por Julian Casablancas logró un espléndido disco de rock pop, lleno de energía y que reivindicó a la clásica banda rocanrolera básica de cuatro elementos. Como dato curioso, Is This Is apareció apenas dos semanas después de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, por lo que el tema “New York City Cops” tuvo que ser quitado de la edición estadounidense.

10. System of a Down. Toxicity. Columbia. Calificado como un disco de nu-metal (cualquier cosa que eso signifique), el segundo album de estos californianos va mucho más allá de lo que hacían bandas como Limp Bizkit e incluso Korn y se acerca más al eclecticismo de Faith No More o a la dureza de Slayer. Con sus raíces armenias (al menos las de sus dos líderes: Daron Malakian y Serj Tankian) y sus peculiares experimentaciones, Toxicity fue el disco que situó a System of a Down como una de las bandas de rock pesado más prometedoras del siglo que iniciaba, aunque quizá no fue así del todo.
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Cuestión de gustos que!