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Los diez mejores álbumes de 2002
1. The Reindeer Section. Son of Evil Reindeer. PIAS. El gran proyecto alterno del líder de Snow Patrol, Gary Lightbody (que se quedó en dos discos), tuvo en este segundo y último volumen su mejor y más fina manifestación artística. Un disco sereno, lleno de musicalidad y poesía, la conjunción de grandes músicos provenientes de diversas bandas escocesas en una colección de esplendidas composiciones. Un álbum lleno de emoción y sutileza. Una joya prácticamente desconocida.

2. David Bowie. Heathen. Columbia. El primer disco de Bowie luego de dejar Virgin, le significó tomar una nueva dirección musical. Nueva sólo en relación con sus discos inmediatamente anteriores, pues aquí retomó la vena electrónica de los setenta, aunque con una distinta emotividad que lo vuelve ciertamente más cálido. Dos covers a canciones de Neil Young y los Pixies le dan un extra a este trabajo elegante y excelso.

3. Tom Waits. Alice. Anti. Grabado el mismo año que Blood Money, Alice es un disco íntimo, confidencial, de canciones plenas de belleza melódica y sentida inspiración, todas ellas escritas por Waits y su compañera Kathleen Brennan. Con el leit motiv de Alicia en el país de las Maravillas como telón de fondo, el gran cantautor nos llena de melancólicas armonías y esa ternura primigenia que jamás ha dejado atrás.

4. Beck. Sea Change. Universal. Uno de los discos más oscuros y herméticos de Beck, muy alejado de las brillantes experimentaciones de Odelay o Midnite Vultures y más próximo a la tranquilidad folky de Mutations, Sea Change representa una incursión del músico hacia el interior de su propia alma, una in
sólita y paradójica exposición de sus sentimientos más recónditos, un viaje a las entrañas de un artista sólo en apariencia inaccesible desde el punto de vista humano.

5. The Flaming Lips. Yoshimi Battles the Pink Robots. WEA. Para muchos, la obra maestra de The Flaming Lips. Exhuberante, lleno de colores, de pronto incluso ampuloso, el álbum significó un nuevo paso adelante en la carrera artística del grupo, luego del sublime The Soft Bulletin de 1999, y lo llevó a incursionar por sendas novedosas y experimentales que marcarían para siempre la ruta a seguir por Wayne Coyne y músicos que lo acompañan.

6. Solomon Burke. Don’t Give Up on Me. Fat Possum. Resulta altamente satisfactorio que un disco grabado por una vieja gloria de la verdadera música soul se colara entre los mejores álbumes del 2002. Siempre relegados de los medios, al igual que los grandes blueseros, los cantantes de soul como Solomon Burke difícilmente encuentran una difusión masiva para sus trabajos. Por eso es que Don’t Give Up on Me resulta notable, aunque por supuesto tiene otras mil virtudes. Canciones maravillosas compuestas especialmente para Burke por parte de autores tan grandes como Van Morrison, Tom Waits, Bob Dylan o Brian Wilson, entre otros, que en la voz del cantante adquieren dimensiones de ensueño. Una maravilla del sentimiento y el alma.

7. Queens of the Stone Age. Songs for the Deaf. Interscope. Un poco sobrevalorado en su mo
mento (se le llegó a comparar con el Nevermind de Nirvana en cuento a su trascendencia), este disco sin embargo es una obra impresionante y llena de poderío, tanto en la composición como en la ejecución de los temas que la conforman. Como una especie de Alice in Chains se encuentra con los Butthole Surfers, Songs for the Deaf es un disco de vértigo imparable en el cual Josh Homme muestra su músculo creativo y su dominante personalidad. Un álbum sensacional.

8. C. Gibbs and the Cardia Bros. The Pinkermen Set. Rubric. Integrante original de Modern English, C. Gibbs encontró en este disco la manera de expresar todo su genio creativo, mediante una oncena de composiciones que lo mismo remiten a Neil Young que a David Bowie, los Beatles o Kurt Weill. Variado, emotivo, con sentido del humor y gran sensibilidad, este plato grabado al lado de los Cardia Bros puede situarse dentro del género del alt-country o el alt-folk, pero va mucho más allá en sus alcances.

9. Sigur Rós. (). MCA. ¿Hasta dónde pretencioso, hasta dónde excesivo, hasta dónde sobrevalorado? Sigur Rós atrae fascinados fanatismos lo mismo que rechazos prejuiciosos. Si bien () no supera a su posible obra maestra, Ágaetis Byrjun (2000), los islandeses continuaron con su propuesta etérea y en ocasiones cuasi sinfónica, llena de atmósferas sublimes y repentinos crescendos, de pasajes oníricos y de viajes al inframundo. Un trabajo extremo, provocador, agridulce; capaz de todo, menos de causar indiferencia.

10. Wilco. Yankee Hotel Foxtrot. Nonesuch. Aun cuando sólo tiene dieciséis años de existencia, Wilco parece una banda que siempre ha estado ahí. Discreta, sin aspavientos, pero con una constancia artística admirable, esta agrupación de Chicago tuvo en este disco una de sus mayores cumbres. Con Jeff Tweedy como amo y señor creativo, Wilco alcanzó con este larga duración muchas de sus metas creativas, gracias a una serie de canciones impecables, en las que la experimentación jugó un papel determinante. Tercer álbum en estudio, luego de los soberbios Being There (1996) y Summerteeth (1999), Yankee Hotel Foxtrot es una de las joyas discográficas indiscutibles de 2002.
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Aun disfruto oir los discos de Wilco, Sigur Ros, Queens of the Stone Age, Beck y el hermosisimo Son of Evil Reindeer, personalmente agregaría Last Broadcast de los Doves