
Por Dr. Fanatik
Qué larga espera para ver si reacciona… ¿o es que el resucitador no funciona? El bebe nació muerto por más que lo vistan, lo mimen y lo traten de mover como a un muñeco de ventrilocuo.
Ahora un fotografo trata de hilvanar e inventar una historia en la cual el rock espectáculo pasó a un segundo plano y pretende mañosamente ser el resultado de la ecuación: el protagonista, el líder. Porque ellos mismos (muchos músicos), serviles, huelepedos y lambiscones, por no decir desorientados y hambreados de una limosna de famita, le ruegan desesperados al cacique: “¡también a mí, también a mí!”, como para arrebatar del capataz un mendrugo en un campo de concentración.
Las parteras que recibieron el aborto fueron tan horrendas como es pisar caca descalzo. Golfos y golfas, viles hamponcetes llenos de vicios y avaricia, centaveros y voraces vividores en la búsqueda de disimular su oscuro origen y satisfacer sus enormes panzas prietas y estriadas, más sus insaciables bolsillos. El guarumo de un espectáculo que es guarumo, la escena de una cena en la que no alcanza la cena.
Hijo bastardo el bebé de la más grande e importante televisora de México y de unos padres alucinados, mesianicos, drogos. Las imitaciones sesenteras no valen. Fueron como un demo casero de un movimiento de abuelo negro y abuela anglosajona, con tíos británicos y de otros espacios del Viejo Continente que será viejo, pero no pendejo.
Actualmente y como siempre, el bebé trata de imitar, con la idea de no ser descubierto, a los iconos roqueros del norte o de allende la mar océano: un bracito de Siouxie and the Banshees, una orejita de Orchestral Manouvers in the Dark, una manita de The Cure, lo que dejaron en el plato del potaje Tool o Primus, la ropita que ya le queda chica a los hijos de Madonna, unas letritas plagadas de inseguras leperadas o la lengüita biperina que dice cosas bien vaciadas y estériles
¡Viva el bebé rock nacional! ¡Viva el Franki! (por aquello del Dr. Víctor Frankenstein). Franki, de ojitos negros como capulines y pelo decolorado o greñudo -según la moda-, desnutrido y mamón, pretendiendo siempre ocultar sus orígenes indígenas, mestizos, hispanos, genízaros, coyotes… Es malinchista el pinche muertito, pues qué si no.
Franki siempre es desmadroso (así lo cree él, pues no sabe qué hacer), porque si lo critican dice: “ah, ¿me cae que se la creyeron?” o “chinguen a su madre”.
El bebé rock, el monstruito de mil cabezas y mil nombres (Dinkie, Sinky, Plinky, Ninky, Frash Frash Fresh and Frash Fresh Frash) nos muestra tambien a sus hijastras que imitan y/o destruyen a Tricky o a T.Rex, camufladas por sus amantuchos de panteón en turno.
¿Surrealista? ¡Definitivamente, no! Tercer mundista y peor que pior, ¡si!
Franki es ignorancia, falta de creatividad, falta de concepto, falta de calidad. Franki es un ente que se mete en los cerebros y los corazones de los músicos de rock de aquí de México (que muchas veces ni a músicos llegan), de mi México, de nuestro México, indígena, pobre, agrícola, desindustrializado, desnutrido. Franki es desafinado. Franki toca a destiempo. Franki es pretencioso. Franki es ramplón. Franki es un atorrante. Franki es arrogante. Franki es irrespetuoso. Franki es falto de talento. Franki es naco. Franki es permanentemente inculto. Franki es malinchista. Franki es gay de clóset. Franki pus…, pus…, ¡es nuestro Franki!
Vamos a ver a Franki porque, como sea, ¡es nuestro Franki! Franki, El Franki, francamente.
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así es esto de la región cuatro... así pasa cuando se "tropicalizan" las cosas en busca de aparentar la innovación...