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Que se mueran los feos
Por la Nena Mounstro
Últimamente, hay algo que me preocupa.
Me he encontrado con un denominador común entre mis amigas, quienes aún siguen solteras y continúan en busca de su “the one”. Cuando me cuentan que están saliendo con alguien nuevo, mi pregunta obligada es: “¿Está guapo?”. Tristemente, su respuesta es siempre la misma: “No, de hecho es bastante feo”. Todas mis amigas salen, conocen, se enamoran, cogen y terminan reproduciéndose con feos. Eso quiere decir que, el día de mañana, habrá mas gente fea que la que mis pobres retinas soportan ya.
Está claro que mis amigas son unas mercenarias y que se atreven a todo sin temer a la furia de Ala, ya que el límite de fealdad para ellas no representa obstáculo alguno. Pero, entre más pasan los años, ¿realmente nos fijamos más en lo de adentro que en lo de afuera? (cada vez que escucho a alguien decir que “lo de adentro es lo que importa”, me dan ganas de recolectarle todo el liquido encefalorraquídeo que le queda y decirle: “¡Mierda, no! ¿Quién en su sano juicio quiere salir con un feo?”.
Me he dado cuenta de que siempre que una mujer sale con un adefesio, para justificarse, después del adjetivo feo emplea un nuevo calificativo. Ejemplo: “Es feo, pero muy lindo”, “Es feo, pero muy simpatico”, “Es feo, pero muy inteligente”, “Es feo, pero caballeroso”, “Es feo, pero qué bien coge”. ¿Acaso no se dan cuenta de que, aun cuando saquen sus cualidades como carta de justificación, la muestra de insectario que traen por novio siegue siendo horrendo? Cuando decimos “es guapo”, ya nada tenemos que justificar. Decimos “es guapo” y punto. El mundo masculino se divide en dos: los guapos y los feos, qué le vamos a hacer.
El andar o casarse o coger con un feo tiene las mismas consecuencias devastadoras de un accidente cardiovascular. Desde bebé, el feo se sabe poseedor de unos rasgos físicos nada estéticos. Reconoce que su nariz tiene tipo de chile relleno, que un ojo se le va de paseo, que su rostro parece el de un avechucho, que hay días en los cuales se parece a la Tigresa del Oriente, que tiene la crin hirsuta, un diente encimado, acné a sus treinta y siete años, etcétera.

¿Cuantas veces no nos hemos topado con gente fea pero deliciosamente encantadora o divertida o muy inteligente? Muchas. Yo conozco a muchos feos que son delirantemente divertidos, que son asombrosamente inteligentes, que son el alma de la fiesta, que todos los amigos los quieren cerca porque son un dulce, son todos chiste, sonrisa, becho y apapacho. Pero..., ¿los han visto con cinco tragos encima? Se convierten en un desecho biológico, altamente tóxicos y potencialmente unos protagonistas de The Texas Chainsaw Massacre. Empiezan con retóricos monólogos tipo “mi vida es miserable, siempre fui el cachazapes de la escuela, siempre me exprimí los barros en el sótano de mi casa, s
iempre se burlaron de mí, nunca tuve a la novia que yo quise, me quiero sacar un ojo y que la muerte me lleve ahora”..., yada yada yada.
Está el otro tipo de feos, a quienes no les basta con ser horrendos y hasta se atreven a ser mamones y pasados de lanza. Para ellos, tener poder equilibra su fealdad. Si no, allí están los cadeneros del News o varios politicos mexicanos. Esos tipos siempre cargarán con la artillería pesada de lo que es ser el feo de la clase, al que siempre le bajaron los pantalones enfren
te de toda la escuela y aho
ra son secuestradores, golpeadores, funcionarios públicos o esos mismos trolls que sólo se meten a internet para insultar a cualquiera y, para colmo, tienen mala ortografía. Vomitan rencor contra sus jefes, sus novias y sacan todo el abanico de frustraciones a la menor provocación.
No es que tenga algo de malo ser feo. Yo he salido con feos . El problema es que invariablemente terminan cagándolo todo, por el cúmulo de inseguridades que vienen incluidas en el paquete de “soy feo”. Mal desempeño en el colchón, traumas varios y constantes asociados con hacer drama a la menor provocación, celos marca mepirareynuncaregresaré y pintadas de cuerno. ¿Que por qué un feo cornea? Por eso: porque tiene que validar que más de una mujer quiere rechinar el catre con él.
¡Hay algunas mujeres que me dan tanta ternura! Son aquellas que hasta te lanzan una maldición gitana si te atreves a voltear a ver a su feo. Entiende, tarada, que si
lo voltee a ver fue porque me preguntaba si era feo así, a secas, o tenía
alguna deformidad craneoencefálica. No quiero reproducirme con un feo para tener un quiste sebáceo como hijo.
Yo voy a salir con puro guapo. No importa que en la calle digan: “¿Ya viste qué vieja tan fea va con ese bizcocho?”.
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Yo siempre he dicho que es lo mismo enamorarse de un feo que de un guapo