|

La fauna tuitera
Por la Nena Mounstro
Internet nos ha proporcionado una fuente inagotable para leer, escuchar, participar y hacer una infinidad de actividades. Nos ha dado a muchos una nueva, adulterada y educolorada adicción. Que si el facebook, que si el twitter, que si el MySpace, que si la manga del muerto. Es una adicción igual de maligna y divertida como inyectarse heroína.
Asimismo, la red ha democratizado a la escritura, lo cual en el mayor de los casos tiene consecuencias infames, como pedir a gritos que me tiren drano a los ojos y por fin me pueda quedar ciega y dejar de leer ese dolor de comunicación y en graves casos un infarto a mi retina. En internet todos somos críticos, todos somos expertos, todos somos opinólogos, todos sabemos todo. Basta que alguien se ponga en el banquillo para que le tiren huevos. Digas lo que digas, siempre habrá un cretino que venga a desvalorizar y anular todo tu discurso.
Antes de iniciar cualquier tipo de actividad “social” de internet, debería venir una etiqueta con la palabra precaución que dijera una cosa como: “El uso indebido de esta plataforma puede causar severa diarrea ortográfica, lingüística, mental e intelectual. Recuerde que está en riesgo de ser presa fácil para burlas, por lo cual no aceptamos devoluciónes a su
vida antes de...”.
El twitter o el Blogger son un confesionario, un big brother de a varo, un delirio masivo, una trampa de bacterias humanas, un conventillo, un deshuesadero. Tener tu cuenta en twitter o un blog es tu propio exorcismo, un sitio en donde está permitido ser total y absolutamente abusivo en lo verbal, contigo mismo o con los demás. Al principio es divertido y después quieres más, necesitas más. El tener cualquiera de estas plataformas es la oportunidad de tirar mierda hacia los otros, lo cual las hace terriblemente adorables y simplemente interminables. Atrás de un monitor todos somos Juan Jose Origel, pero en decerebrado (y eso ya es mucho decir) y lo más risible de todo es que muchos se toman muy en serio eso de poner sus fantásticas estupideces en un time line y se ofenden si discrepas de ellos.
Para mí, twitter, por ejemplo, es como la terraza de una oficina, donde todos salen a fumar y te enteras de lo que dicen del jefe que ni está en tu departamento. Es chisme de baño y cuando hay grilla entre tuiteros, es lo más divertido: mientras que dos se ofenden, cien más nos descostillamos de risa porque se envician en un terrorismo virtual divertidísimo. Si te ofendes por lo que un virtual-bull
y te diga, es porque el que está mal eres tú. No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale.
Como en todos lados, hay grietitas en la sociedad y acá sobrarán un montón para echarlos al ruedo. Pero hoy quiero hacer una mención honorífica a esos especímenes con los cuales me he topado recientemente.
-Los que se sienten Benito Mussolini o Evita Perón. Son quienes salen a dar discursos en un espacio de ciento cuarenta caracteres (en el caso de twitter; en un blog, el espacio lamentablemente es indefinido), como si se tratara del balcón presidencial y sus chupacirios estuvieran abajo esperándolos para aplaudirles. Se sienten rockstars en el escenario, aunque ladren estupideces. Sienten que todos están interesados en saber qué comen, dónde, cuándo. Les hacen preguntas con temas “actuales” y pasan al segundo escalón, donde se sienten líderes de opinión, muevemasas, acarreatrolls. Se dan el lujo de seguir a nadie o a casi nadie, porque no consideran aptos a sus followers de leer sus twitts, aunque en la mayoría de los casos esos followers puedan tener cosas más interesantes que decir. De pronto, contestarle a algún “desconocido” les llena ese saquito que todos traemos cargando y que se llama narcisismo y se les llena cada vez más y más. Nosotros los alimentamos. Ahora, esto no tiene nada de malo. ¿A quien no le gusta sentirse monitoreado aunque sea por una bola de desconocidos que creen que somos gente cool?
-Las edecanes del twitter. Son esas jovencitas y otras no tanto que ponen fotos de su chichi izquierda –o donde están en pose de lince y en bikini– y todo lo que dice
n obedece a puros impulsos inconscientes. Intentan maximizar sus pendejadas al grito de “¡Chichis pa la banda!”. Nunca serán una amenaza para alguien. Llegaron al mundo virtual para ser admiradas nada más las reinas. Como edecanes de Red Cola, deberían dedicarse a enfocar sus tetas a la dirección correcta y sonreir. Usan sus dos neuronas: una para respirar y la otra para mantenerse en pie. No tendrían por qué angustiarse, pues se les tiene permitido tener la misma inteligencia que una dona Bimbo y están autorizadas a tener la capacidad de razonamiento de un chicharo. A nadie le importa lo que tuitén, pueden disfrazarse de merengue de Sanborns y seguirán teniendo followers. Ojalá hubiera ramitos de perejil virtuales, para que sus fans pudieran mandárselos.
-Las cuarentonas y cincuentonas. Éstas son tan normales como sus hormonas les den permiso y casi siempre tiran barbaridades como sólo una psicótica-paranóica-depresiva lo haría, lo cual las hace quedar como borrachas rencorosas que parecen estar tuiteando o blogueando envueltas en una bata de seda, con un vasito de Jack Daniels en una mano, un cigarro en la otra y el rímel corrido. Ellas me provocan ternura y miedo por partes iguales y las entiendo, porque con esta crisis y a falta de ansiolíticos, ¡bendito sea Alá que tienen su twitter, mijas! Si no, andarían corriendo por una pradera con camisa de fuerza. Por mí, todo bien: me deleita leer cuando se desbordan y chorrean sus brotes de autocomplejos. Sigan así, para que yo aprenda lo que no debo tuitear.
-Los carroñeros virtuales. Son los que a fuerza quieren resaltar de entre la multitud y pareciera que están como perros atados, ladrando y soltando insultos, con una necesidad de protagonismo tipo Alejandra Guzmán cual verdulera en un avión. Mínimo deberían esforzarse por tirar comentarios igual de burros que ella. Éstos son los mismos que intentan explicar todo porque los hace sentirse cultos. Sí, una pelea de borrachos en medio de una fiesta resalta, pero eso no quiere decir que sea algo bueno. ¿Qué les sucede? ¿Pasaron por un campo de desechos biologicos y se les pego algo? Ahora sé que la amargura y el resentimiento tienen propiedades antioxidantes.
-Las pretty women versión callejera y los cadeneros del News. Aunque entiendo que algunas recepcionistas o cadeneros también tiene derecho a tener un lugar desde el cual expresarse , como tuiteros o blogueros su pobreza mental me da ternura y parece que son unas meseras y unos bartenders que esperan que los clientes regresen a darles la propina. Cada vez que tuitean o bloguean, resulta evidente que la señora creatividad no les cobra honorarios. Su estupidez es tipo watch & learn. Nunca les caerá una sola buena idea, aunque les demos vuelta como reloj de arena. No se caracterizan por una destreza verbal, sufren de un grave desabastecimiento cultural, de sentido común y de inteligencia. A ellos hay que tenerlos en un huacalito bien etiquetado que diga “this side up”. En lugar de tuitear o bloguear, les serviría más un curso de papiroflexia.
un: yes;"> -Los elfos acosadores. Gracias a gente como ellos, las salas de emergencia de los hospitales están llenas y tienen aparatos especiales para sacar carritos de plástico de los lugares menos imaginados que tiene el cuerpo humano. Son un viaje hacia lo obscuro.
A nadie debería importarle lo que yo o los demás pongamos aquí o en otro lado, porque esto no es un taller literario. Usen esos espacios de internet para divertirse. Acuérdense que afuera tienen una vida que a final de cuentas es la única que importa y como lo dije arriba: que esto es como inyectarse heroína. Yo seguiré inundando mis días de realidades banales y superficiales en el twitter o en el blog, lo que es peor que cualquier otra droga.
|