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Por Rafael Tonatiuh
Ilustración: Eduardo Salgado
A mediados de julio, les dije a los de Milenio Diario que sería muy cotorro celebrar mi cumpleaños bailando con la plebe en la mega-coreografía "Thriller" en honor a Michael Jackson (quien tuviera la puntada de nacer el mismo día que yo, lo mismo que Lucerdito). Jairo Calixto Albarrán se entusiasmó y dijo que pediría una cámara de Milenio TV para grabar el performance.
La verdad es que no fui a ninguno de los ensayos previos y la hora de la hora, decidí no ir. Como nadie volvió a hablar del asunto, supuse que olvidarían lo de la cámara. El viernes 28 de agosto, después de refinarme una botana precumpleañera en La Caribeña, llegué a la redacción y Jairo Calixto Albarrán me exigió venir el sábado, pues ya había solicitado una cámara a las tres y media de la tarde, para grabarme haciendo el oso.
Quizá Jairo Calixto tenga algo de verdad cuando me llama corrupto, por ausentarme injustificadamente del trabajo, pero también es cierto que todo pecado lo compenso haciendo los trabajos sucios de la sección QRR!, como disfrazarme, encuerarme o realizar un acto ridículo o peligroso que, evidentemente, nadie quiere hacer en esta redacción (digamos, como disfrazarse de Michael Jackson y tratar de colarse a una coreografía de fanáticos que llevan más de un mes de ensayos).
El 29 de agosto agendé desayuno, comida y cena en diferentes restaurantes con diversas personas, entre parientes y amistades, por lo que le hablé a mi amiga América Pacheco (a quien había citado a las tres), para decirle que nos viéramos en la redacción de Milenio, pues antes de comer, saldríamos en un vehículo rumbo al Monumento a la Revolución, para hacer unas tomas y cumplir con mi propósito inicial: unirme a un conglomerado de personas que se juntan para hacer algo realmente eficiente: bailar.
La energía libidinal generada por miles de zombis (el mero día de mi cumpleaños), me podría resultar útil para una ceremonia mágica personal, auspiciando buena suerte.
Al arribar al Monumento a la Revolución, unos amables lectores me reconocieron y se tomaron fotos conmigo, además de felicitarme por mi cumpleaños. Con los gafetes de prensa logramos arribar hasta la parte de adelante, desde donde se veía toda la raza disfrazada de gángster o zombi (para mi sorpresa, la mayoría eran niños y darkis).
Javier Hidalgo, director del Instituto de la Juventud, dijo por micrófono que en Barcelona se habían juntado 697 personas, pero que en México ya se habían registrado trece mil, aunque “reportes de elementos de vigilancia nos reportan más de cuarenta mil personas”. Pensé: “Cabrones, si el evento lo hacen en la calle van a contabilizar a cualquier crudo que pase haciendo eses, con pinta de zombi putrefacto”.
A pesar de las advertencias de que “los bailarines nos iban a sacar”, cruzamos dos cadenas de personas con la intención de involucrarme en el último ensayo. Las más pesadas eran las señoras, muy atentas a que nadie les ganara el lugar a sus críos. Al iniciar los acordes, se me ocurrió portar el micrófono de Milenio TV, como una especie de crucifijo para espantar vampiros, pues cualquier persona que mira una “maraca” de tele, sabe que una cámara te puede estar grabando y es mejor cuidar las apariencias.
Durante el ensayo largo, nos tuvieron a todos como güeyes, hincados en el piso, mientras corrían las primeras imágenes del videoclip de "Thriller" (más largo que un día sin pan), para luego irme desperezando, como el gramo de un kilo de zombis frente al Monumento a la Revolución que me recordaba que Luis Echeverría no ha muerto.
¿Saben lo que se siente bailar al frente de miles de personas? Estupendo (sobre todo porque le quité su lugar a un mocoso que estaba haciendo demostraciones por su lado, a un grupo de camarógrafos).
Romper ese récord Guinness me hace pensar sólo una cosa: “Mexicanas: un Michael Jackson en cada hijo te dio” y lo único que se me ocurre para salvar la crisis que nos atormenta es exportar Michaels Jackson, para que bailen en las esquinas del mundo y le entren a las remesas.
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